miércoles, 27 de mayo de 2015

No quedan hombres justos en Sodoma



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Parte I
Azul y reluciente paraíso 

I. –

Abel mira hacia el cielo, o al menos hacia el lugar donde debiera estar el muy cabrón, azul y reluciente paraíso, allá arriba, tras las nubes y la niebla, la maldita niebla mañanera, es un día de invierno tardío de ésos que hielan las pelotas y el alma, por ése orden, primero las pelotas, luego el alma, piensa Abel, mientras se frota las manos bajo la capa e imagina a su hermano rodeado de angelitos, con las alas extendidas, dándole palmaditas en la espalda y a San Pedro abriendo de par en par las puertas del lugar, todo precioso, arpas, coros y demás parafernalia, gente rubia, gente limpia, Abel sonríe, después tose, sorbe los mocos y construye poco a poco un gargajo en su garganta, denso y de colores, piensa de nuevo en el bendito y afortunado santurrón, está mejor muerto que vivo y después hace el amago de soltar el lapo, pero se contiene ante la mirada inquisidora del cura, paladeando obligado el salivazo medio minuto más, hasta que en un descuido del Pater lo suelta disimulando, al lado del fiambre, pensando no pasa nada, seguro que eso a él no le importa demasiado.
Mal momento para morirse, si es que hay alguno bueno, justo antes de que cante la calandra, antes de que responda el ruiseñor, antes de que los enamorados sirvan al amor, justo antes de que los almendros se pinten de blanco y a los muy cristianos habitantes de éste lado del planeta tierra se les revuelvan las tripas pensando en la mujer del vecino, uno debe morirse siempre en invierno, es lo decente, es lo justo, Abel se dice a sí mismo y respira envuelto en palabras, verborrea imposible de contener que ataca por los cuatro costados como mosquitos en el río, adjetivos y adverbios que zumban y pican, escuecen; Abel mira al Pater intentando ocultar un bostezo, estudia al santo varón con detenimiento, aparentando estar muy atento a sus palabras, está viejo, rojo de ira y de tinto joven, abre la boca y pronuncia contundentemente, con una perfecta dicción que sólo patina en la eses, capaz de diseccionar de un lengüetazo al más terrible de sus enemigos, habla el cura, predica y salpica, amenaza y extiende de vez en cuando el dedo tieso, apunta dispuesto a disparar; pum, pum, pum, hay que joderse; Abel sabe que las palabras y los dedos tiesos matan más que los rifles y sin demasiado esfuerzo cierra los ojos y hace que su hermano Manuel reviva en su memoria, el mismo que ahora luce su el careto lívido y la pata estirada, el mismo que yace a sus pies dispuesto a criar las más bellas malvas de la provincia, el único hombre bueno del pueblo, el único tipo decente de la comarca, estas con Dios pedazo de gilipollas, si tú no lo estas, el cielo debe ser un lugar bastante poco concurrido; suelta Abel por lo bajini, y curiosidades de la vida, debe ser el rigor mortis pero el finado parece haberlo escuchado; sonríe, dispuesto a levantarse de nuevo, siete años después en el mismo sitio, cual Lázaro cojo con cara de gilipollas, dispuesto a mandar al infierno a todos, presto a tropezar de nuevo en la misma piedra.
Abel recuerda perfectamente, y mientras le retenga en su memoria, Manuel no estará del todo muerto, levanta la mirada y la detiene en los agujeros de bala de la pared, aún en su sitio, al lado del ciprés bajo el que descansa medio pueblo, unos ordenados y alineados en cajas de pino y otros revueltos, apiñados, que para eso inventó Dios las fosas comunes, aparece ahora en su retina recortado por la luna, de pie, fusil en mano mientras el Pater reparte extremaunciones mucho más joven, con más pelo y menos arrugas, y Cándido, el teniente de la guardia civil, pone en fila al personal en dos líneas, dispuestos a matar y a morir, hay que hacer bien las cosas, dice de nuevo el muy cabrón, profesional hasta la médula mientras amartilla su Astra ante las miradas de pánico de aquellos que aún no tienen lo ojos vendados; recuerdos peligrosos, que confunden dos líneas temporales, dos líneas de personas y un único lado que sigue respirando, Abel se estremece, recuerda a Manuel alucinado mirándole fijamente y negando con la cabeza, diciendo de repente “no, no, no, yo a ésa gente no la mato” y al propio Abel disimulando, a punto de el colapso, susurrando, “calla la boca subnormal, o los matas o te unes al grupo”; así es la vida, unos matan y otros mueren, unos comen y otros son comidos por los gusanos, Abel recuerda, y cuanto más recuerda más ganas tiene de gritar, de salir corriendo del camposanto a beberse un trago largo en honor del capullo de su hermano, rememora sus palabras y por un segundo parece que las escucha de nuevo, como si hubiesen dado la vuelta al mundo, como si hubiesen llegado al punto de origen siete años después para volver a colarse entre sus tímpanos “si me tiene que matar que me maten, pero yo no fusilo a ésa gente”, y el muy idiota suelta el fusil, lo tira al suelo pero como es de noche nadie lo ve, mientras a Abel se le arrugan las tripas y por primera vez en su puñetera vida piensa rápido, al ver que el teniente les mira de reojo, antes de que tenga que dar explicaciones apunta a la pierna de su hermano y le mete un tiro limpio entre las carnes y el hueso.
Un disparo antes de tiempo, una salida en falso para un pelotón nervioso, alguien grita, “fuego a discreción”, y docenas de pequeños truenos iluminan la noche de verano, los hombres en fila caen, su sangre estalla y salpica la tierra, los cuerpos se doblan y escupen su último aliento entre las tumbas de sus antepasados.
Abel aprieta los dientes, al recordar el careto de Cándido tras el ametrallamiento, al preguntar quien coño ha disparado a Manuel que se retuerce de dolor en el suelo, “ha sido el imbécil de su hermano, que no sabe poner el seguro al rifle”, Abel resopla, ahora recuerda el chasquido de su nariz al recibir el puñetazo de la autoridad competente.
– Y maldita sea mi estampa, que martiricen mi cuerpo y machaquen mis entrañas, que me arrojen desnudo a predicar la palabra de Dios en las Nínives del Este si resulta que el Señor no es capaz de acoger en su seno hasta el último y miserable bastardo del planeta tierra, hasta el último de los cobardes que han dudado de su infinita misericordia, que han quebrado sus promesas y principios, que no han atendido a su santa palabra…
Abel bosteza, se rasca la barba mientras los ojos del viejo se clavan en él, hacen sangre y detienen el sermón el funeral oficiado para dos sepultureros, un pariente y un fiambre.
– Pedazo de animal, miserable rata, nieto, hijo y hermano de cobardes suicidas y mujeres públicas, ¿te aburro?, ¿resulta quizás demasiado tedioso el funeral de tu propio hermano?...
Abel tarda en darse cuenta, las palabras llegan lentas pero seguras, casi por instinto se yergue y se cuadra, nervioso activa el tic de su ojo derecho, imparable, abriéndose y cerrándose a mil por hora y casi saluda militarmente al cura, mientras busca una respuesta, una que le permita aplacar la ira de Dios.
Discúlpeme Pater, estaba pensando.
– ¿Pensando tú?, válgame Dios, si eso es imposible, ¿y se puede saber que demonios se pasaba por tu cabeza de chorlito?
– Estaba pensando en el día en que dejé cojo al Manolo, ¿se acuerda?, en el panadero, en el médico y en los hijos de Simón, joder Pater, me estaba acordando de el día en el que los matamos a todos.
Al Pater se le cambia el tono rojo de la cara, por uno mucho más blanquecino, que le asemeja al cadáver que tiene delante, el viejo ahora parece más viejo, con la verborrea que le manaba desde la garganta como una fuente inagotable seca de repente y mudo por la gracia de Dios, al final suelta un lacónico…
Eran gente peligrosa, tenía que hacerse…
– Ya Pater, así es la guerra,  yo solo pensaba en algo más sencillo.
– ¿En que?
– Que desde que matamos al panadero, el pan es una mierda en este pueblo.
El cura calla, suspira, se sacude el polvo de la sotana y asiente, sin decir nada enfila la salida del cementerio, un segundo antes de pisar el camino al pueblo se gira, por fin dice:
– Hay recuerdos que están mejor enterrados en la sesera.
– Sí, Pater.
– Paga al sepulturero, yo éste entierro se lo doy gratis al cojo.
Abel se gira, echa un último vistazo al hoyo antes de que “el malvas” y su chaval se afanen en tapar el hueco, en plantar la lápida, piensa, tienes suerte santurrón, por lo menos tienes a alguien dispuesto a pagar tu entierro.

El Malvas acaba y deja que su hijo remate el asunto, le suelta una colleja y le dice, nene no curres tanto, después se seca el sudor de la frente y se acerca a Abel con la mano extendida, cobra y silba una melodía extraña, antes de irse Abel escucha al muchacho cagarse en los muertos de su padre entre dientes, dejándole a solas con su hermano; cuando se han largado se sienta sobre la lápida recién puesta, abre su zurrón del cojo y encuentra un libro, un trozo de chorizo seco, un mendrugo de pan duro y una botella de anís del mono, pega un trago y come algo, derrama un poco sobre la tierra removida, a tu salud santurrón, descansa en paz con tus gusanos, seguro que son más agradables que los hijos de puta que dejas acá arriba.

Este es el relato corto a partir del cual surgió la novela "No quedan hombres justos en Sodoma" si te gusta y te apetece leerla puedes descargarla completa aquí

martes, 26 de mayo de 2015

viernes, 15 de mayo de 2015

No quedan hombres justos en Sodoma.





Cuando Abel regresa a Sodoma tras media vida en guerra, encuentra una tumba reciente, la de su hermano, y un páramo desolado por el que sólo corretean fantasmas y recuerdos. 

Abel el loco, Abel el tarado, Abel el pez banana, no es un hombre justo ni decente, es sólo una carcasa, una persona vacía, un tipo con el alma del revés, con las costuras por fuera, un ser hecho de retales al que no le queda más fuerza ni aliento, que el que conduce hacia el desastre.

Puedes conseguir la novela corta en amazon, gratis hasta el viernes 22 de Mayo


viernes, 6 de marzo de 2015

Relámpagos y ceniza






Imágenes de los relámpagos generados durante la erupción del volcán Sakurajima.

La belleza del techo del mundo

     
           
                         
                                 The Himalayas from 20,000 ft. from Teton Gravity Research on Vimeo.

jueves, 5 de marzo de 2015

De coches y robots


Curioso trabajo como ilustrador de Scott Park, coches, robots y aquí más cosas.


Robots cinéfilos

Homenaje a Regreso al futuro (todos los vehículos de la saga)

martes, 3 de marzo de 2015

Sagrada Familia


   

Infografía que nos enseña el aspecto que tendrá la Sagrada Familia al ser terminada

jueves, 26 de febrero de 2015

Primer "selfie" espacial


El astronauta Buzz Aldrin se hizo el primer selfie espacial en
noviembre de 1966 durante la Gemini 12

jueves, 19 de febrero de 2015

lunes, 16 de febrero de 2015

Tapas de alcantarilla japonesas

S. Morita se dedica a fotografiar y catalogar las artísticas tapas de alcantarilla japonesas, a cada cual más cuidada.




Galaxias antena

Las galaxias NGC 4038 y NGC 4039 chocando a 60 millones de años luz y dejando una estela que les da su nombre popular, (galaxias antennae) 



vía Nasa.

domingo, 15 de febrero de 2015

La colmena

 
   
                  

Time lapse de Río a altísima resolución 

sábado, 14 de febrero de 2015

Los manuscritos de Darwin


sello de la familia Darwin


El museo de historia natural de Nueva York ha puesto al alcance de todos la impresionante colección de manuscritos y apuntes de Darwin que posee, puedes echarlos un vistazo en el siguiente enlace.

viernes, 13 de febrero de 2015

Retratos del hombre sin el hombre.


Fotografiando lugares abandonados, retratos del hombre sin el hombre, obra del artista alemán Niki Feijen.







Parecidos razonables



superfilamento de gas en el sol



ovulo y espermatozoides

jueves, 12 de febrero de 2015

Memoria de piedra y arena

El 19 de septiembre de 1989 un explosivo derribó el vuelo 772 de la UTA sobre el Sahara, un terrible atentado en el que murieron 170 personas; en el año 2007 los familiares de las víctimas construyeron en pleno desierto un memorial visible desde el cielo.







miércoles, 11 de febrero de 2015

Me gustan las palabras...




Robert Pirosh fue un conocido director y guionista americano, colaborador de los hermanos Marx entre otros; fue además el autor de una de las cartas de presentación más ingeniosas que he visto nunca, que data de la época en la que el hombre buscaba trabajo en Hollywood.

Dice así (tras una traducción casera bastante complicada)

"Querido señor.

Me gustan las palabras. Me gustan las palabras gordas y mantecosas, como cieno, bajeza, glutinoso o adulador. Me gustan las solemnes, angulosas y crujientes palabras como puritano, cascarrabias, pecuniario o despedida. Me gustan las palabras blanquinegras y espúreas como enterrador, liquidado o mundano. Me gustan las suaves palabras en V como Svengali, esbelto, bravura y brío. Me gustan las palabras crepitantes y frágiles como astilla, lidiar, empujón y crujiente. Me gusta hosco, malhumorado, palabras con el ceño fruncido como esculcar, costrosa o patán (...)

Me gusta más la palabra guionista que la de redactor, así que decidí abandonar mi trabajo en una agencia de publicidad de Nueva York e intentar probar suerte en Hollywood, pero antes de dar el paso fui a Europa para pasar un año de estudio, contemplación y mamoneo.

Acabo de llegar y aún me gustan las palabras.

¿Puedo compartir unas con usted?"

Vía letters of note.

martes, 10 de febrero de 2015

Hora del café



El diseñador Rob Draper dibuja bellas tipografías sobre objetos de usar y tirar.







domingo, 8 de febrero de 2015

Inventos que no cambiaron el mundo

Inventos victorianos que inexplicablemente no cambiaron el mundo


Pistola alarma anti ladrones 


Calzoncillos anti cólera.


Funda para colgar los cigarros en el sombrero

sábado, 7 de febrero de 2015

La firma oculta

Rubens y muchos de sus colegas no siempre firmaban los cuadros, en ocasiones simplemente sellaban por detrás la obra con el sello del gremio de artesanos de Amberes 

sello de Las Tres Gracias




viernes, 6 de febrero de 2015

Un homenaje de cine.



En noviembre de 1972, aprovechando una visita de Buñuel a california, George Cukor organizó un homenaje al cineasta español en su casa, al que acudieron varios de los mejores directores de cine de la historia, (todos aparecen contentos y relajados menos, curiosamente, el homenajeado)


De pie (de izq a dcha): 
Robert Mulligan, William Wyler, George Cukor, Robert Wise,

 Jean Claude-Carriere, Serge Silberman. Sentados: Billy Wilder,

George Stevens, Luis Buñuel, Alfred Hitchcock y Rouben Mamoulian

(falta John Ford al parecer indispuesto antes de la foto de familia)






                                   

jueves, 5 de febrero de 2015

El guardián de lo pequeño.


Parte del trabajo fotográfico de del artista Pyanek, objetos cotidianos vistos muy de cerca.


Páginas de un libro


Punta de un bolígrafo


Espuma de jabón


La tecla "x"