viernes, 29 de mayo de 2009

La lucha del pintor hambriento




Soutine no pinta, se pelea con el lienzo, una lucha desigual, injusta en la que el pequeño pintor siempre está en desventaja, partiéndose el alma contra musas reconvertidas en gigantes, monstruos de siete cabezas que habitan en la blancura impoluta de la tela, sin descanso, Chaïm muerde el polvo pero se levanta siempre, como un caballero andante sin espada y armadura, como un boxeador vapuleado con manos de pianista, con un pincel como única defensa y una necesidad innata, anclada en lo mas profundo de sus tripas que no le permite hacer otra cosa que no sea pintar.

Lucha y a veces, sólo a veces, gana, plasmando sus personales obsesiones con líneas temblorosas, deformando los trazos pero no los rasgos, expresionista en un mundo impresionista, su pelea deja un rastro cargado de color, revuelto, violento, desolado, manchas de un artista que enfrenta su destino maldito con un eterno dolor en las entrañas.

Chaïm pasa hambre, mira el mundo con los ojos de un niño raro y pobre pegado al escaparate de una pastelería, pintando naturalezas muertas, pollos desplumados, carcasas de bueyes desollados, deseando una comida que unas veces por enfermedad y otras por miseria, siempre le está vetada, sentado en el estudio de Marie Vassilieff sobrevive, retrata a amigos y desconocidos incorporando las facciones de sus rostros a su propia lucha interna.

Exigente, destruye su obra sin piedad ni cuartel, cuando considera que no están a la altura, apuñala sus pinturas, las hace trizas, las quema, se calienta con ellas, como un dictador cruel y caprichoso con sus hijos, elimina buena parte de su legado sin dar explicaciones a nadie más que a si mismo.

Solitario, camina sin embargo junto a genios malditos como él, gente como Modigliani o Utrillo, compartiendo sin saberlo, sin quererlo, su destino triste, mirando de reojo, el camino del exceso con una media sonrisa en los labios, siempre dispuesto a dar batalla, a darse de hostias contra el lienzo, a plasmar con óleo y trementina un mundo tembloroso, desconcertante.

martes, 26 de mayo de 2009

El Bulldog del Señor




Carry Amelia Nation es el bulldog del Señor y tiene malas pulgas, a los pies del altísimo corre y olisquea enseñando los colmillos, gruñe, detecta el rastro de los pecadores y arremete contra ellos ladrando y mordiendo sobre sus partes blandas, disfrutando con cada dentellada, relamiéndose de gusto con el olor del whisky derramado sobre el asfalto al amanecer.

Temblad bebedores, temblad destructores de almas, porque Carry está con Dios y Dios está con Carry, en cada uno de sus ciento ochenta centímetros de altura y ochenta kilos de peso, protegiéndola, señalando su camino, susurrándola al oído mandatos divinos imposibles de rechazar.

-Levántate, coge un hacha y una Biblia, ve a Wichita y destroza sus tabernas.

Dios podría mandar hordas de ángeles vengativos sobre las licorerías, podría hacer caer toneladas de lava incandescente sobre sus barras y sus camareros, podría convertir el “whisky on the rocks” en cerveza sin y el “Gin tonic” en zumo de piña con pajita, podría ser vengativo y torturar a los alcohólicos tertulianos con canciones de Ramoncín, pero hoy esta cansado del Ser Humano y duda entre mandar una plaga o directamente a Carry.

A tomar por culo, cuando la pía mujer se presenta en el Dobson´s Saloon sus ojos están pintados de rojo y hay gente que jura ver un halo blanquecino sobre su cabeza, con sus músculos en tensión está dispuesta a meter una manita de hostias al diablo, como un púgil preparado para la lucha, entra en el garito y saluda a sus pecadores.

-Hombres, estoy aquí para salvaros de vuestro destino de borrachos.

Acto seguido comienza la acción, que los salmos y las plegarias están bien pero lo que realmente pone a Carry es lo de repartir estopa, las mesas vuelan, los vasos y las jarras se estrellan contra el suelo, haciéndose añicos como la voluntad de los hombres a los que narcotizados, saca del Saloon a base de patadas en el culo.

La ira de Dios arremete contra las barricas de roble, que revientan y derraman su contenido como una fuente del diablo, bañando el suelo y emborrachando a las cucarachas, filtrándose por las alcantarillas, correteando hasta el infierno para ser entregado de nuevo al demonio, para alejarlo de la débil fragilidad humana.

Ríe, aúlla, canta, sus seguidoras exclaman ¡aleluya! y hacen colectas para que cuando llegue la autoridad, puedan pagar su fianza y sacarla de la cárcel, Carry A Nation se hecha la nación a las espaldas y lucha por la instauración de la ley seca, consigue que en todos los tugurios del país cuelgue un cartelito que dice así:

“Todas las naciones son bienvenidas, todas menos Carry”

domingo, 24 de mayo de 2009

Banksy




En la puta calle, los muros grises de la ciudad son el lienzo perfecto para ajustar cuentas con el mundo cruel, sobre el frío asfalto, Banksy decora el hogar a cielo abierto de mendigos y prostitutas como un poético justiciero enmascarado, iguala de alguna extraña manera su realidad de cartón y vino picado, sus medias de rejilla y condones de sabores, a la del planeta lejano donde actores y estrellas del rock de sonrisa perfecta pasan la vida entre flashes de fotógrafos y anhelos de adolescentes.

Sobre las tapias desnudas de la gran ciudad, sobre el desquiciado y desquiciante muro de Palestina, sobre las destartalas chozas destruidas por Katrina en los barrios de Nueva Orleáns, el grafitero deja presentes de cincuenta mil libras, democratiza su arte cobrándoselo a los ricos y regalándoselo a los pobres.

Desde el más estricto anonimato, Banksy pinta ratas que cantan, bailan, sacan fotografías, hacen turismo, visten corbata y portan maletines de piel mientras se protegen de la lluvia bajo elegantes paraguas negros, insertadas en la ciudad, decoran la incesante rutina monocromática de los hombres grises, haciéndoles reflexionar por un segundo, humanizando al roedor y “ratificando” al humano, expresión peluda de un artista que atónito mira a sus congéneres desde cada esquina con los dedos manchados de pintura.

A Banksy, no le gusta la realidad, y por eso la altera a su gusto, reproduciéndola no como es y si como debiera ser, arrebatándola el disfraz del eufemismo, construyendo trampantojos que engañan y sorprenden, ventanas sobre edificios sin ventanas, por las que entra aire limpio y puro, ironía condensada, penas que por no poder llorar se ríen del mundo a carcajada limpia bajo la máscara del grafitero.

En las murallas de Banksy, los soldados son registrados por niñas indefensas, los bobbys declaran su amor en la vía pública, los manifestantes encabronados sustituyen sus cócteles molotov por ramos de flores, la guardia real hace un descanso para echar una meadita y los amantes furtivos escapan de maridos cornudos descolgándose desde las alturas.

Todo tan real como la vida misma.

Desde su web el hombre misterioso sigue riéndose después de todo y proclama un manifiesto que es toda una declaración de intenciones.

“Cuando era pequeño rezaba todo los días a Dios para que me diera una bicicleta nueva, entonces me di cuenta de que Dios no funciona de ésa manera, así que robé una y recé para ser perdonado”

viernes, 22 de mayo de 2009

Patty cogió su fusil




Cuando Patty entra en el banco, parece una chica de la cruz roja vestida por Tarantino, mientras encañona al cajero, nota como la adrenalina hierve a borbotones en su interior, haciéndola sudar un líquido frío, viscoso, que se adhiere al gatillo de su M1 y hiela su espalda, convirtiéndose en el mejor indicativo de que, a pesar de todo, aún sigue viva.

Camina por la alfombra del Hibernia Bank como una forajida con clase, como si fuera la hija ilegítima del Audrey Hepburn y Billy el niño, en un pase de modelos desquiciado apunta al personal con elegancia, como si sus balas no contuviesen plomo, como si estuviera viviendo una pesadilla extraña de la que la está costando despertar, una película surrealista sin director grabada en blanco y negro por las cámaras de seguridad.

Y es que el cerebro de la heredera está bloqueado, reseteado por el miedo, misterio de la naturaleza humana que hace a la víctima trasmutarse en verdugo; el puto terror que interfiriere entre las conexiones del alma, que modifica los sentimientos, que los entierra bajo el mayor de todos los instintos, el de la supervivencia.

Y es que Patty ya no es una niña bien, en el fondo de su maltrecho corazón sabe que no quiere ser una mártir, que cincuenta días de secuestro, de maltrato, de abuso, con los ojos vendados y encerrada en un armario son suficientes para comerse el odio por el hijo de perra que te destroza, para sustituir la mirada de terror por una dulce sonrisa, porque con cada sonrisa las raciones de comida aumentan y los puñetazos de convierten en bofetadas, con cada proclama antiimperialista aprendida de memoria las probabilidades de acabar en una cuneta con un tiro en la nuca disminuyen y al final la vida es lo que cuenta.

Y Patty esta viva, se siente viva, ha aprendido a amar a su gran hermano particular, a destilar odio por todo lo que él odia como premisa indiscutible para seguir respirando, si hay que luchar, se lucha, si hay que robar, se roba, si hay que abandonar los recuerdos de una vida, se abandonan.

Poco a poco se ha visto petrificada, unida por unos hilos invisibles a un tipo que gobierna sus extremidades, enredada y atrapada, camina por el banco con su carabina en ristre dispuesta a vender caro su pellejo, presa de un síndrome con nombre de capital sueca, coge el dinero y corre, decide salvar al mundo para así de alguna manera, poder salvarse a si misma.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Los extraterrestres hablan ruso




Bien mirado, la Vostok 1, no es mas que un pequeño cascarón metálico, una especie de lavadora con alas desde la que, a trescientos kilómetros de altura, Yuri Gagarin mira atónito un mundo azul y casi maldice a sus ojos por tener que pestañear, por hacerle perder durante milésimas de segundo la visión que se muestra ante él, la misma por la que ha jugado su vida a rojo o negro.

Abajo, en la gran madre patria, el azul desaparece, adquiere tonalidades mucho mas grises, en ése momento algunos de sus jefes ya lustran sus medallas y planchan sus uniformes, frente al espejo ensayan la mejor de sus sonrisas y la más dolorosa de sus muecas, que nunca se sabe que deparará el futuro, festival o funeral, cara o cruz, héroe nacional o palmadita en la espalda a una madre desconsolada.

Es lo que tiene, el privilegio de mirar el mundo con los ojos de Dios, una mota de polvo en el aire, que gira y flota consciente de su pequeñez, que en un momento dado tras casi hora y media orbitando el planeta, traga saliva y comienza un descenso en picado desde la negrura, una montaña rusa sin frenos donde el piloto sabe que si algo puede salir mal, sin duda saldrá mal, la ley de Murphy aplicada al espacio sideral.

Cuando los retrocohetes se accionan, la tostada se cae de lado de la mermelada, el destino juguetón decide tocarle las pelotas a Yuri, el módulo de reentrada se queda enredado por unos cables al resto de la nave y comienza a girar como una peonza con un ser humano dentro, a través de la minúscula ventana el sol sale y se pone mil veces en un baile desquiciado mientras las tripas de cosmonauta, presas de la energía cinética a punto están de salir de su cuerpo a dar un paseo, la tierra se hace grande y la atmósfera enciende la nave, el ruso cabalga sobre un clavo ardiendo en caída libre, hasta que los paracaídas frenan el artilugio y se enciende la lucecita indicadora de la eyección, casi sin tiempo para respirar, la catapulta entra en acción y el piloto sale despedido de su coctelera, colgando de un trozo de tela salvador, el primer hombre en orbitar la tierra, al final se posa sobre la llanura siberiana de una pieza, de milagro.

Así, con su mono naranja y su casco blanco, tras un parto complicado, nace un nuevo héroe sobre la tierra rusa, mareado y vapuleado, el hombre de las estrellas consigue ponerse en pie y antes de que lleguen sus compañeros, se encuentra con una campesina que poco sabe de vuelos orbitales.

-¿Viene usted del espacio exterior?

Yuri por un momento duda, aún tiene que digerir lo vivido, por fin contesta.

-Ciertamente si.

Hay que joderse, la mujer alucina, hasta los extraterrestres hablan ruso.

viernes, 15 de mayo de 2009

La colina de la hamburguesa




La colina 937 es el culo del mundo, un agujero negro maloliente que bajo una manta verde oculta una picadora de seres humanos, un cúmulo de tierra elevado en mitad de ninguna parte que Dios, en su infinita sabiduría, olvidó hace demasiado tiempo, un pequeño infierno portátil donde los demonios no tienen cuernos pero si algún que otro kalashnikov y prefieren ser reducidos a cenizas antes que rendirse.

Por algún extraño motivo, a Johnny le han ordenado dejarse escabechar allí, es lo que esperan de él, su gobierno se ha dejado mucha pasta, le vistieron de verde, de dieron un casco molón, un rifle automático y le metieron en un avión doce horas, feliz viaje a ninguna parte, vuelve con una medalla, mata muchos Charlies, haz que se sientan realmente libres.

Se han encaprichado de una colina, la 937, con su barro, su selva, sus reptiles y sus enfermedades tropicales, en lo alto de la misma el tío Sam quiere poner una hamburguesería, símbolo inequívoco del auténtico progreso, pero misterios de la logística, lo primero que han traído es la carne, un bufet libre aderezado con napalm al amanecer.

Ahora toca escalar, reptar, saborear el barro mientras desde lo alto te disparan, unas veces tus enemigos y otras tus amigos, que con tanta maleza es difícil distinguir y después de todo ya los separará San Pedro, o Buda, ocho días con la mierda hasta el cuello, con los helicópteros zumbando como mosquitos gigantes, vomitando plomo caliente, haciendo de Vietnam un bello solar donde vivir.

Por suerte Jonhy esta drogado, puesto hasta las trancas entiende la realidad mucho mejor desde su trinchera, simplifica el mundo demente mientras dispara contra fantasmas de ojos rasgados, mientras lo hace ve a su capitán parecerse cada vez mas al general Custer con su melena al viento y su sombrero de Cow Boy, tiene la misma mala cara, pálida y con ojeras pero sonriente, dispuesto a morir con las botas puestas sin preguntarse ni cómo ni porqué, solamente dónde, ganándose su medalla mientras las flechas de los malos silban sobre su cabeza.

Cuando la batalla acabe, casi setecientas almas habrán abandonado este mundo cruel, la mayor parte vietnamitas, ocho días infernales para plantar la bandera de las estrellas en lo alto de la colina 937, un terreno baldío que después de todo acabará por no convencer a los que mandan, y decidirán abandonarlo poco más de una semana mas tarde.

Pero eso a Johnny se la suda, hace tiempo que abandonó la esperanza de volver a su tierra de una pieza, lo que realmente le carcome por dentro, es saber quien coño hará su papel cuando estrenen la película.

miércoles, 13 de mayo de 2009

El poeta escondido en un escenario




Al hombre de la voz frágil le devoró la bestia, poco a poco, saboreando cada parte de su cuerpo maltratado, deleitándose hasta que sólo quedaron dos ojos grandes y tristes que miraron al mundo antes de irse y cansados de tanto sufrir, lo transformaron en palabras y acordes de guitarra, en versos y música, elementos mucho mas aceptables para el ser humano.

El hombre del alma sensible emocionó mientras luchaba con monstruos de papel, sin fuerzas y acogido por la penumbra, usó su guitarra como escudo y cual quijote fue derribado y se levantó mil veces, vapuleado y reducido a la mínima expresión al final se dejó llevar, abandonando un cuerpo esclavo de si mismo, liberándose al fin de un demonio maldito, ladrón de versos y canciones.

El poeta escondido en un escenario, perdió casi todas las batallas pero ganó la guerra, consciente de su fragilidad se aterró en un mundo descomunal y a pesar de todo encontró la manera de hacerlo mas bello, temió por que al final nadie oyera su voz sin saber que, por suerte, ésa lucha estaba ganada, desde hace tiempo, desde el primer acorde de la primera canción.

Convierte el aire en gas natural
Un duelo salvaje advierte
Lo cerca que ando de entrar
En un mundo descomunal
Siento mi fragilidad
Vaya pesadilla corriendo
Con una bestia detras
Dime que es mentira todo
Un sueño tonto y no más
Me da miedo la enormidad
Donde nadie oye mi voz
Deja de engañar
No quieras ocultar
Que has pasado sin tropezar
Monstruo de papel
No se contra quien voy
O es que acaso hay alguien más aquí
Creo en los fantasmas
Terribles De algun extraño lugar
Y en mis tonterias para Hacer tu risa estallar
En un mundo descomunal
Siento tu fragilidad
Deja de engañar
No quieras ocultar
Que has pasado sin tropezar
Monstruo de papel
No se contra quien voy
O es que acaso hay alguien más aquí
Deja que pasemos sin miedo.

martes, 12 de mayo de 2009

El viejo y el mar




“…Ahora era de noche, pues en septiembre se hace de noche rápidamente después de la puesta del sol. Se echó contra la madera gastada de la proa y reposó todo lo posible. Habían salido las primeras estrellas. No conocía el nombre de Venus, pero la vio y sabía que pronto estarían todas a la vista y que tendría consigo a todas sus amigas lejanas.

-El pez es también mi amigo- dijo en voz alta-.

Jamás he visto ni he oído hablar de un pez así. Pero tengo que matarlo. Me legro que no tengamos que tratar de matar las estrellas.

Imagínate que cada tuviera uno que tratar de matar a la luna, pensó. La luna se escapa. Pero ¡imagínate que tuviera uno que tratar diariamente de matar al sol! Nacimos con suerte, pensó.

Luego sintió pena por el gran pez que no tenía nada que comer y su decisión de matarlo no se aflojó un instante. Podría alimentar a mucha gente, pensó. Pero ¿serían dignos de comerlo? No, desde luego que no. No hay persona digna de comérselo, a juzgar por su comportamiento y dignidad.

No comprendo esas cosas, pensó. Pero es bueno que no tengamos que tratar de matar al sol a la luna o a las estrellas. Basta con vivir del mar y matar a nuestros verdaderos hermanos...”

Ernest Hemingway. El viejo y el mar.

domingo, 10 de mayo de 2009

El hombre y el miedo.




El miedo huele a orín, es salado y transparente como las lágrimas, perfectamente capaz de teñirse de rojo cuando se mezcla con la sangre y de negro cuando lo hace con la tierra, con el polvo o con la mierda, es imprevisible, un dictador caprichoso que tiembla, que puede secuestrar el alma y petrificar el cuerpo, que juega a su antojo con los músculos, los huesos y las articulaciones, convirtiéndolos en una rígida carcasa, un triste y frágil envoltorio del ser humano.

Tiene a veces forma de persona, viste ropas grises y empuña artefactos metálicos, se cuelga medallas, se esconde en las miradas y conquista el aire con un grito, trasformándose en palabras, en verbos que golpean, que hieren sin tocar la carne, que hacen del cobarde un héroe y del héroe un cobarde, se transmite con la facilidad de un virus y corre de boca en boca a la velocidad del rayo.

El hombre es frágil ante su poder, conquista países y los destruye, bajo su régimen los malditos se sienten a gusto, encuentran el sustento para multiplicarse, para crecer y poblar la tierra, para matar y morir por ideas esquizoides, para poder modelar a gusto las facciones de un adolescente que aún no es hombre, destruyendo su inocencia, sacrificándola sin sentido en un altar construido por y para dementes, justificando lo injustificable.

El miedo se transforma fácilmente en un aullido de auxilio, vota democráticamente a dictadores sin escrúpulos, llama a una madre lejana y suplica por volver a casa, impide que alguien se pregunte que demonios hace un niño en una trinchera y quien es el hijo de perra que lo permite.

El miedo, al fin y al cabo, forma parte del hombre, esta escrito en su código genético, junto a nucleótidos y proteínas, nace y crece desde sus entrañas, se enreda en él y se une a él, le permite sobrevivir, le humaniza y deshumaniza a la vez y a veces, incluso, resulta que puede ser fotografiado.

PD: Fotografía vía Historias con historia.

viernes, 8 de mayo de 2009

Louis es idiota




Louis es idiota y su principal problema es que no lo sabe, cuando camina por el Boulevard des Capucines, hacia el número 35 ya tiene la mala baba resbalando por la comisura de sus labios, concentrada y destilada en la punta de su pluma, dispuesta a hacer un siete a los egos y las esperanzas de aquellos que cuelgan sus pinturas en el interior del destartalado edificio.

Louis hubiera querido ser un gran pintor, o un gran escritor, asombrar al respetable con increíbles metáforas, o precisos trazos de su pincel, en un mundo menos cruel, su obra pictórica estaría al nivel de los grandes, Gros, Ingres, Jacques-Luis David y su prosa dejaría boquiabierto al mismísimo Moliére, en un mundo idílico, porque en el que vive, ajo y agua, la triste y perseverante realidad es que, como sus pinturas son una mierda y su único don de literato es su lengua viperina, ha decidido hacerse crítico.

El 24 de Abril de 1874 el corresponsal del periódico “Le Charivarí” entra en la primera exposición de un grupo de artistas que se han asociado en torno a la “Sociedad anónima de pintores”, con una sonrisilla en la boca y riéndose por lo bajini camina entre los cuadros de Monet, Degas, Cézanne, Renoir o Pissarro con el colmillo afilado, saboreando antes de tiempo la dentellada que les piensa regalar al grupo en su columna del día siguiente.

Camina lentamente y de repente, frente a una tela de Monet se detiene, el crítico casi sufre un orgasmo de mala hostia, resopla indignado, analiza lentamente el óleo y al día siguiente escribe.

“..Ah!, ¡aquí está, aquí está!- exclamó él ante el número 98. Reconozco el favorito de papa Vincent. ¿Qué representa esta tela? Veamos el libreto. Impresión, sol naciente. Impresión, estaba seguro. Yo mismo me lo decía: puesto que estoy impresionado, debe de haber impresión ahí dentro... Y, ¡qué libertad, qué soltura en la factura! ¡El papel pintado en su estado embrionario está aún más acabado que esta marina!...”

Fina ironía, soberana estupidez, que no esta hecha la miel para la boca del asno, Louis, incapaz de entender la maravillas que esconden unas manos capaces de capturar un instante, critica y rechaza lo que no entiende, y sin quererlo da nombre a uno de los movimientos pictóricos mas bellos que el hombre ha tenido a bien desarrollar.

El Impresionismo.

martes, 5 de mayo de 2009

La mar que se fue




Cuando el viento sopla, la sal golpea el rostro de Yuri sin contemplaciones, zurce unas facciones arrugadas, curtidas, maltratadas a medias por el sol y el tiempo, se cuela entre sus párpados e irrita un lacrimal obsoleto, inútil, incapaz de derramar una sola lágrima más por el océano perdido, marinero en tierra, el viejo mira la estepa blanquecina y se pregunta que maldición le impidió morir con los suyos, como Dios manda, engullido por una mar que ahora solo habita en sus recuerdos.

Yuri camina, sin quererlo se adentra en el desierto, perdiendo sus pasos entre la arena, dejando tras de si unas huellas poco profundas, incapaces de hacer frente al viento, pasea sin rumbo buscando la sombra de los viejos barcos que hoy se oxidan como enormes esqueletos de ballenas metálicas, reducidos a polvo sobre el polvo, recostados, inclinados, naufragados en tierra, como enormes estatuas erigidas en honor de la infinita estupidez humana.

El agua no se fue, la robaron, cundo Yuri lo piensa aún nota como la sangre arde en su cuerpo anciano, los mismos idiotas de siempre, orgullosos, altivos, necios, cambiaron el curso del Amu Daria y del Syr Daria y mataron el Aral, malgastando el líquido vital que alimentaban su vida, regaron campos ajenos, lejanos y extraños, miraron indiferentes como poco a poco la mar se desecaba, se retiraba dejando tras de si una tierra inerte, contaminada, baldía, una salmuera cuarteada incapaz de sostener, generar o albergar vida.

Ahora no queda nada, pero cuando por un momento Yuri cierra los ojos, casi puede sentir de nuevo el suave balanceo de las embarcaciones, el olor a tabaco, pescado y algas, los sonidos de los hombres gritando, sobreponiéndose a la tormenta mientras desgarran sus manos entre cabos, redes y aparejos, el bullicio del puerto, la lonja y el gentío congratulándose por una buena captura.

Sonríe, están ahí, en lo más profundo de su alma, a buen recaudo, lejos de peligrosos prohombres e idiotas con poder, suficientemente ignorantes como para despreciar las consecuencias de sus actos, vivos mientras viva él, aunque solo sea para poder advertir a aquellos que les quieran escuchar la infinita belleza que atesora la más pequeña gota de agua.

viernes, 1 de mayo de 2009

El material más barato del mundo




Jackson tiene doce años y ha decidido cambiar su nombre por el de Rambo, para poder parecerse así algo más a su ídolo, ha llegado a ésa conclusión mientras ve por décima vez como el tipo duro con su M60, envía en cámara lenta una lluvia de proyectiles sobre sus enemigos, haciéndoles picadillo sin mover una sola facción del careto, con los cartuchos vacíos de la “cerda” cayendo como una cascada de muerte sobre la tierra, sembrando de metal el suelo, de fuego el aire y de emoción el corazón del joven espectador.

El cine suele gustar a los niños, conforme avanza la película en el viejo reproductor, Jackson y sus hermanos, sincronizan sus latidos con los disparos del actor y dejan que la adrenalina invada sus pequeños cuerpos, sus mentes en desarrollo, aúllan como pequeñas hienas en celo, se revuelven en su sitio, saltan sedientos de sangre, jalean a su héroe y al grito de ¡Rámbo mátalos! celebran cada ruso muerto.

La magia del séptimo arte, sólo que Jackson no sabe de efectos especiales, de bolsitas de sangre y balas de fogueo, de entrenadores personales y repeticiones de tomas, de explosiones controladas y pistolas de juguete, porque cuando Jackson dispara a alguien, la sangre que salpica su rostro no es zumo de tomate, sino que suele tener restos de hueso, de cráneo y sesos, cuando alguno de sus hermanos corta una mano, una oreja o la lengua de algún prisionero, ésta no es de látex, está hecha del material más barato del planeta, el sufrimiento humano.

El mundo en el que vive Jackson es una mierda y al revés que en las películas, no tiene botón de “pause”, solo es medianamente aguantable gracias al alcohol, la marihuana en cantidades industriales y el brown-brown, la indispensable mezcla de cocaína y pólvora que facilita el fluir del odio, que como un tamiz filtra los sentimientos y bloquea cualquier sensación de culpabilidad.

Es progresivo, la negrura devora su alma, si pudiera recordaría su infancia, pero no puede porque algún hijo de perra se la robó demasiado pronto, es necesario encallecerse, poco a poco olvidar a la familia muerta, reemplazarla por sus compañeros de armas y seguir matando, buscando venganza, dejándose cortejar por la inmensa sensación de poder que supone la capacidad de decidir sobre la vida y la muerte de algún desgraciado, por la sensación casi orgásmica de oler el terror en la mirada de un adulto.

Cuando termina la proyección, mientras a miles de kilómetros de Monrovia una estrella de Hollywood mide sus bíceps frente al espejo y ensaya la mejor de sus sonrisas, Jackson Rambo esnifa sobre su machete y carga con su Kalashnikov, desplaza el cerrojo de su arma y se prepara para ser el prota de su propia película, una de terror y drama cuyo argumento, jodido mundo cruel, a nadie le importa un carajo.