viernes, 12 de septiembre de 2008

Piernas de hojalata




A cuadros se debieron quedar los alemanes que custodiaban los cielos del norte de Francia el 9 de agosto de 1941 cuando, tras celebrar con júbilo el derribo de un caza Spitfire inglés vieron al tipo que lentamente descendía con su paracaídas desde las alturas, menudo, con ojeras y tez mortecina, al llegar al suelo aquel individuo no pudo ni tan siquiera intentar emprender la huída, no tenía piernas.

Douglas Bader, o tin legs como le llamaban sus colegas no era un piloto del montón, era un as del aire que había derribado nada mas y nada menos que a 23 aviones enemigos en los meses anteriores, y todo ello a pesar de su minusvalía, Douglas había perdido las dos extremidades inferiores en 1931, mientras hacía el cabra y vacilaba haciendo acrobacias aéreas delante de los jóvenes cadetes a los que en teoría instruía, salvó el pellejo de milagro y tras una penosa recuperación en la que nadie daba un duro por él pidió reincorporarse a su oficio, no le dejaron al principio, pero más tarde, para desgracia de la Luftwaffe le pusieron un par de patas de palo y le mandaron a la lucha.

No tardó en estrellarse por segunda vez, solo que en esta ocasión salió indemne, y debía ser muy jodida la carestía de pilotos que tenía la RAF , porque a pesar de ése currículo le confiaron un tercer avión.

Y cuando por fin se adaptó, resultó que el tío era un hacha, por lo visto, en los giros extremos aguantaba mejor los problemas que tenían otros pilotos, que sufrían perdidas de visión transitoria por irse la sangre de la cabeza a los pies, cuando estazó su tercer y último avión, esta vez obligado, ya se había hecho un nombre entre sus captores, que le trataron con cierto respeto y admiración, hizo buenas migas con el general alemán Adolf Galland, hasta tal punto que éste permitió que un aparato inglés sobrevolase Francia con el único objetivo de lanzar en paracaídas unas piernas ortopédicas para su amigo, que las había perdido durante el derribo.

De esta manera el bueno de Douglas recuperó la movilidad perdida y lo celebró inmediatamente fugándose del campo de prisioneros que le retenía, fue capturado y al poco lo volvió a intentar, varias veces, hasta que los alemanes se hartaron y le requisaron de nuevo las piernas.

Cuando fue liberado del campo de prisioneros de Colditz, en la primavera de 1945 tenía unas cuantas cosas que contar a sus nietos, a pesar de estar lisiado y ser morfinómano (fruto de los dolores causados en su primer accidente), había destrozado 26 aviones (25 alemanes y tres británicos), se había fugado de mas de media docena de prisiones y estaba vivo y coleando, era sin duda un mito.

2 comentarios:

Résped dijo...

Piernas de hojalata y corazón de acero, supongo.

(cómo odio los cptcha)

Javi dijo...

Y unos huevos como los del caballo del general Espartero, supongo.

Gracias por la visita résped