sábado, 13 de septiembre de 2008

Troppo vero !!!




Ahí está, por los siglos de los siglos, Giovanni Battista Pamphili, más conocido como Inocencio X, con su nada inocente cara observando al genio que le retrata, rojo sobre negro, mirada ajada, agria, desconfiada, más propia de un personaje de los Soprano que de el representante de Dios en la tierra, con la mano izquierda agarrando el reposabrazos mientras el pulgar sostiene una nota sin duda repleta de intrigas.

Puteado, molesto porque en la paz de Westfalia los europeos habían puesto fin a treinta años de muertos, una panda de inútiles que habían tenido la osadía de dejarle a un lado, ninguneando su mando espiritual, reduciendo sus prebendas, menos poder para un cargo para el que hay que valer, para el que hay que tener ojos en la nuca.

Manipulado, viejo, rodeado de hombres inútiles y mujeres perversas, con su cuñada con derecho a roce Olimpia Maidalchini a la cabeza, haciendo y deshaciendo, condimentando el vino de sus enemigos con venenos de toda clase y condición, preguntándose a cada bocado si es el último, si la última puñalada trapera asestada en palacio tendrá como destino sus propios riñones.

Una familia encantadora, generosa, nada apegada al dinero, tanto que a la muerte del propio Inocencio no quisieron ni pagar su entierro, dejando al Papa tres días cogiendo frío en la sala de la plancha, hasta que el tema comenzó a oler por si mismo y no quedaron más huevos que rascarse el bolsillo.

Un sinvivir, una pintura genial, el hombre y sus demonios, a la vista, sin necesidad de escarbar demasiado, un papa desnudo y un autor, sevillano pintor de la corte española, que cuenta más en una pincelada que muchos escritores en diez capítulos, un maestro que en vista del percal Vaticano no se achanta y hace el mejor de los retratos.

Una frase que pasará a la historia, cuando el Santo Padre se ve por primera vez frente al cuadro, arruga el morro y mira de forma sombría a sus sirvientes, es como un espejo que no refleja nada bueno, una realidad fría y desoladora ante su dueño, por fin se decide a hablar, dos palabras cortan el aire quedando eternamente asociadas a su persona.

-Troppo Vero!! (Demasiado verdadero!!)

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